sábado, 25 de abril de 2009

Para reflexionar

PARÁBOLA DEL ÁGUILA

Érase una vez un hombre que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevó a su casa y lo puso en su corral donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como éstos. Un día un naturalista que pasaba por allí le preguntó al propietario, ¿ Por qué un águila, el rey de todas las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrada en el corral con los pollos?.

Como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, nunca ha aprendido a volar. Respondió el propietario. – Se conduce como los pollos y, por tanto, ya no es un águila. Sin embargo, insistió el naturalista, tiene corazón de águila y, con toda seguridad se le puede enseñar a volar.

Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista la cogió en brazos suavemente y le dijo: – Tu perteneces al cielo, no a la tierra. Abre las alas y vuela.

El águila sin embargo estaba confusa, no sabía que era, y al ver a los pollos comiendo saltó y se reunió con ellos de nuevo.

Sin desanimarse al día siguiente, el naturalista se llevó al águila al tejado de la casa y la animó diciéndole: –Eres un águila, abre las alas y vuela. Pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido y saltó una vez más en busca de la comida de los pollos.

El naturalista se levantó temprano el tercer día, sacó al águila del corral y la llevó a una montaña. Una vez allí alzó al rey de las aves y le animó diciéndole: Eres un águila. Perteneces tanto al cielo como a la tierra. Ahora, abre las alas y vuela.

El águila miró alrededor, hacia el corral, y arriba hacia el cielo. Pero siguió sin volar. Entonces, el naturalista la levantó directamente hacia el sol, el águila empezó a temblar, a abrir lentamente las alas, y finalmente, con un grito triunfante se voló alejándose en el cielo.

Es posible que el águila recuerde a los pollos con nostalgia, hasta es posible que de cuando en cuando, vuelva a visitar el corral sin que nadie lo sepa. Pero lo cierto es que el águila nunca ha vuelto a vivir vida de pollo.

Anthony de Melo






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